Hace unos días me decía una amiga, “Paula, quiero ser feliz, ¿por qué es tan difícil alcanzar la felicidad? Y es un hecho sorprendente que, a pesar de estar hoy más sanos, vivir más años, estar rodeados de recursos, las personas se sienten incapaces de alcanzar la felicidad. ¿De qué depende tener felicidad? ¿Por qué hay tanta diferencia entre unas y otras personas?

Lo cierto es que todos, buscamos la felicidad, se podría decir que es una de las principales metas que nos proponemos día a día, desde la antigua Grecia hasta nuestras sociedades occidentales. Sin embargo, muchas personas posponen la felicidad. Se convencen a sí mismos de que “algún día llegará”. Se dicen que serán felices cuando acaben sus estudios, cuando consigan su primer trabajo, cuando les suban el sueldo, cuando se compren la casa, cuando se casen, en fin, la lista continúa con un largo itinerario de esperas. Y mientras tanto la vida se les va de los manos.

Lo cierto es que la felicidad no es un camino, sino que la felicidad está en el camino. La felicidad no es algo que sucede, no es el resultado del azar o de la suerte.  Parece ser, según estudios, que la felicidad está más relacionada con lo que pensamos e interpretamos de nuestro día a día. Esto me hace recordar un libro que me leí hace tiempo del Dr. Robert Holden, que trataba sobre la felicidad. En donde el autor establece los estatutos de la felicidad:

1.- La felicidad es una actitud: Es algo que se produce de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro. La felicidad depende más de cómo vivimos las cosas que de las cosas que vivimos.

2.- La felicidad es una percepción: Muchas personas se condenan por ser infelices porque se empeñan en buscar todo lo que no tienen o no pueden tener en la vida. En cambio, no dedican ni un instante a observar, conocer y valorar todo lo que tienen.

3.- La felicidad es una aptitud: No se trata de un don otorgado a “unos pocos elegidos” sino que es una aptitud, una capacidad.  En este sentido, la felicidad es como un músculo que para desarrollarlo hay que flexionarlo y ejercitarlo.

 4.- La felicidad es el presente: Esperas ser feliz “si…”, “después de…”, “cuando acabe de…”, “pronto…” La pregunta es: ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a esperar? La felicidad es el preciso momento que estas viviendo.

5.- La felicidad es una forma de viajar: No es un destino final, sino una forma de viajar por la vida. No hace falta ahorrar toda la felicidad actual y reservarla para una meta futura.

6.- La felicidad son momentos: nos educamos para la felicidad-cosa y lloramos y nos sentimos desdichados al no encontrarla; mientras tanto nos pasa ante las narices la felicidad-momentos.

7.- La felicidad es un tiempo de diversión: La diversión, la risa, el juego y el goce de lo que nos rodea contribuyen a la felicidad. La vida es un equilibrio entre obligaciones, responsabilidades, trabajo, descanso y juego. Recompensamos con un tiempo de diversión, estamos llenando el depósito con “el combustible de felicidad” que necesitamos para seguir adelantes.

8.- La felicidad es compartir: Una de las mejores lecciones de la vida es que lo que se da es lo que se recibe. Si la felicidad personal es uno de los objetivos fundamentales en la vida, entonces devolver una parte de la dicha felicidad a los demás puede ser una muestra máximas prioridades.

Uno de los elementos fundamentales y clave para alcanzar la felicidad es la actitud con que el ser humano afronta sus situaciones estresantes que inevitablemente aparecen en día a día. Para ello es preciso desarrollar cualidades como la curiosidad, el optimismo, el entusiasmo y el humor.

En definitiva, la felicidad es un proceso, al que hay que dedicar tiempo a su estudio y observación, preguntarnos constantemente si la tenemos y en qué grado, que hacemos bien o mal para lograrla. Es una mascota que nos acompaña, y cómo tal hay que cuidarla y mimarla. También hay que compartirla, que vivirla con los demás. Nuestro estado de felicidad es algo que no debemos olvidar

 

 

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