Hace unos días, en un artículo anterior hemos explicado qué es la procrastinación y hemos aprendido a reconocerla a través de sus síntomas más comunes. Ahora es importante que conozcamos qué la ocasiona, pues no todos los procrastinadores lo son por las mismas razones. En muchos casos, conocer el origen ayuda mucho, pues se puede aplicar una terapia para eliminar la causa directamente, con lo que el problema quedará resuelto en su raíz, lo que además por lo general es una garantía de que el problema no se volverá a repetir.

Por otra parte, muchos de los problemas que pueden convertir a una persona en procrastinadora también pueden provocar otros tipos de desórdenes, por lo que siempre es lo más óptimo tratar directamente este problema, como muchos otros, desde su origen.

A continuación veremos cuatro de los principales problemas que originan la procrastinación.

Miedo al fracaso: “Si lo hago mal, es peor que si no lo hago”, o “para no hacerlo bien, prefiero no hacerlo”. Estos son pensamientos que frecuentemente subyacen en la mente del procrastinador. Por lo general, se deben a una carencia de autoestima y a una baja tolerancia a la frustración.

Frustración: Este caso suele darse cuando las tareas a las que debe enfrentarse una persona no le resultan atractivas , útiles o necesarias, independientemente de que esté o no esté obligada a realizarlas. Se produce también en personas que sólo se dejan llevar cuando están suficientemente motivados. Por ejemplo: imagina un estudiante de ingenieria que no le gusta las matemáticas y va dejando todas las asignaturas relacionadas con este tema porque piensa que no se le da bien y no se siente motivado. El resultado es que se pueden pasar años en terminar la carrera incluso no terminarla.

Indecisión: Este tipo de procrastinación suele resolverse tratando el llamado “complejo de Penélope”, llamado así por la mujer de Ulises, que tejía una tela y la deshacía una y otra vez para no decidirse por ninguno de sus pretendientes. Se da en personas excesivamente perfeccionistas que al no cumplir sus expectativas o metas se enredas en la indecisión. En estos casos, el procrastinador tiene dudas sobre cómo afrontar una tarea, por lo que la aplaza constantemente.

Mala administración del tiempo: En este caso, el procrastinador no rehúye realizar la tarea, pero la deja para el último momento, cuando ya no le queda más remedio. El resultado suele coincidir con el dicho de hacer algo “tarde, mal y a rastras”.

Depresión: Las personas que sufren una depresión tienden a rehuir por norma cualquier tipo de tarea u obligación. En estos casos, la procrastinación es una consecuencia directa y secundaria de la depresión, y por decirlo de alguna manera, la procrastinación no es el mayor de los problemas, y desaparecerá si se trata adecuadamente la depresión.

Además de las cuatro causas vistas, existen otras más, e incluso la procrastinación puede tener causas individuales con orígenes específicos. Por ello es importante que un profesional de la psicología evalúe a la persona afectada de procrastinación con el objeto de planificar una terapia adecuada a cada caso, sea éste de los más comunes o tenga orígenes menos habituales.

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