¿Quién, alguna vez, no se ha encontrado con pensamientos del tipo “si yo hubiera”? “Si yo me hubiera casado con aquel novio, ahora sería más feliz”, “si yo hubiera estudiado tal cosa, ahora tendría un empleo mucho mejor” o también “si yo no hubiera hecho caso a mi familia ahora mi situación sería bien distinta.

Todos estos pensamientos se conocen con el nombre de razonamientos contrafácticos, porque van en contra de hechos que son reales, y comparan la realidad con escenarios alternativos del pasado que evidentemente no se han dado.

Suelen aparecer ante hechos que nos han causado sorpresa, es decir cuando encontramos discrepancias entre la realidad y lo que cabría esperar.

Estos pensamientos tienen consecuencias emocionales. Unas veces son positivas, “si yo hubiera viajado a aquel país, ahora estaría en el foco de la epidemia”, luego estoy contento por haber evitado el riesgo, otras son negativas “si hubiera estudiado habría terminado la carrera” luego me siento frustrado.

El razonamiento contrafáctico surge de lo que se denomina “heurístico de simulación”. Un heurístico es una especie de regla que existe en nuestra mente para resolver un problema de forma automática y sin tener que pensar. No hay coste de tiempo ni de energía. Un ejemplo de ello: vamos por la calle y nos encontramos a una persona que por  su aspecto nos causa desconfianza, posible problema, automáticamente y sin pensarlo cambiamos de acera. Acabamos de aplicar el heurístico. Hemos tomado una decisión sin pensar lo más mínimo o dicho de otra manera, hemos tomado una decisión sin activar ningún proceso cognitivo consciente. Observemos que puede ser útil, pero no siempre tiene que ser cierto. En este caso podríamos estar evitando un problema o bien generando un prejuicio social.

En general no los cuestionamos, los damos por buenos dada su utilidad. Hay muchos heurísticos, en este caso nos estamos referimos al heurístico de simulación.  Este heurístico consiste en creer que una situación es más  probable cuanto más fácilmente dicha situación accede a nuestra consciencia, o dicho de otra forma, cuanto mas disponible está en nuestra memoria, y no tenemos en cuenta la verdadera probabilidad de que realmente ocurra. Tomemos un ejemplo anterior, “Si yo me hubiera casado con aquel novio, ahora sería más feliz”, no tiene porque ser cierto, simplemente me siento infeliz, probablemente con mi pareja, y lo que me viene a la cabeza, a mi memoria, es aquel novio del que guardo un buen recuerdo, pero realmente no se si con dicho novio después de diez años de convivencia hubiéramos mantenido el nivel de felicidad inicial y que ahora imagino. Estamos cometiendo un sesgo o error de pensamiento. Pues bien, esto es lo que ocurre con el razonamiento contrafáctico o  la psicología del “si yo hubiera”

En el contexto del razonamiento contrafáctico, y como patología, hay que hacer mención de lo que se denominan “rumiaciones”. Las rumiaciones son pensamientos recurrentes en los que se invierte de forma improductiva mucho tiempo. Las rumiaciones se manifiestan entre un estado percibido, real, y uno deseado, en este caso un “si yo hubiera y pueden perpetuarse en un estado depresivo.

Nuestras vidas no dejan de ser un cúmulo de elecciones, unas veces conscientes y meditadas, otras tomadas de forma más ligera o incluso pueden ser tomadas sin haber sido nuestra elección preferida, pero son las  que nos han llevado a nuestro presente. No siempre es malo mirar hacia atrás y valorar el pasado. Algún “si yo hubiera” es recomendable en nuestra vida. Reconsiderar las estrategias de elección para aprender de nuestros errores es loable y conveniente.  También, reforzarnos y sentirnos felices si dichas estrategias han sido acertadas es positivo. Lo que no es beneficioso es vivir en un constante “si yo hubiera”. Vivir se asemeja a conducir un vehículo, la vista al frente y de vez en cuando, sólo de vez en cuando miramos por el retrovisor. Esa mirada retrospectiva de lo que hemos dejado atrás es para sacar un beneficio para seguir avanzando, de lo contrario seríamos unos conductores desastrosos, avocados a un siniestro seguro. Nuestras vidas, siguiendo el símil de la conducción, son un vehículo que nos llevan por el mundo para alcanzar una meta. No dejemos la vida en la carretera, vivamos nuestro viaje manteniendo la vista al frente. Vivamos en el presente y no en el pasado del “si yo hubiera”. El  retrovisor de la vida, amigo conductor, hay que usarlo lo justo.

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